Llevo tiempo pensando en desempolvar el blog y volver a pasar por aquí de cuando en cuando, sin cita previa ni compromiso, para seguir dedicándome a uno de esos placeres infantiles que nos quedan y que es el de contar historias. Y, paradójicamente, estar de nuevo viviendo en un lugar en el que esas historias surgen a cada paso impone una molesta pereza a la hora de romper el hielo. Porque, tras el silencio, ¿qué merece ser lo primero que se cuente?
Pues eso, que igual que en no pocas ocasiones no encontramos las cosas porque no se nos ocurre mirar en su sitio, al final he acabado pensando que nada mejor que empezar ni más ni menos que por el principio. Era un gélido día de enero hace ya casi un año cuando pisaba Suiza por primera vez. En una mano una bolsa con una muda y en el estómago un manojo de nervios demasiado pesado para colar como equipaje de mano. Un currículum, un billete de ida y vuelta en veinticuatro horas... y este cartel premonitorio nada más bajar del avión.
Mood: one small step...
domingo, 4 de diciembre de 2011
No way back
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jueves, 18 de agosto de 2011
A mí me daban dos
Pues eso, que este blog (y el que suscribe) se trasladan a la tierra de Heidi y Pedro, de los relojes, el secreto bancario, las navajas multiusos y las vacas lila que anuncian chocolate.
Grüsse aus der Schweiz!!!
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martes, 5 de enero de 2010
A la att... del Paje Abelardo
Érase una vez un señor llamado Juan, a la sazón padre de Pilar, que es la señora que luego tuvo un hijo que me llamaría hermano. O sea, que el señor Juan era (y sigue siendo) mi abuelo. La cosa es que este señor Juan era más cosas. Sí, os lo aseguro: además de ser mi abuelo era también ciclista, violinista, del atleti y taxista. Taxista de los de pueblo, para más señas, de esos que antes (no sé si seguirán existiendo ahora) podías contratar para viajar al pueblo de al lado o al fin del mundo. Pues eso: el señor Juan, mi abuelo, taxista. Y, por lo tanto, echando media vida en la carretera.
Ah, mi abuelo Juan era una cosa más: era más crío que sus nietos.
Por eso mi abuelo Juan lo pasaba mal esperando a que vinieran los Reyes Magos. ¡Pero que muy mal! Y peor aún según se acercaba el ansiado día: el uno de enero, el dos, el tres... El gran día estaba tan cerca... ¡pero a la vez tardaba tanto en llegar! Una espera difícil para los niños... ¡y absolutamente insoportable para mi abuelo!
Menos mal que estaba Abelardo.
Todo sucedía de repente: una mañana cualquiera de los primeros días de enero se abría la puerta y aparecía mi abuelo bajo una montaña de regalos envueltos en crujiente papel de mil colores. Imaginaos las caras: la de los nietos, con los ojos fuera de las órbitas. La de mi madre, con un puntito de incredulidad y sorna que nosotros nunca acertamos a entender. Y la de mi abuelo, disfrutando de todas las demás. Era entonces cuando nos lo contaba: que si iba en su taxi por la carretera de Almoharín, que si un camión en la cuneta con la rueda pinchada, que si se bajaba a ayudar. El conductor que resultaba no ser un conductor cualquiera sino Abelardo, personaje mitológico (pero que muy mitológico en la reducida y muy particular mitología de mi infancia) que a la sazón se ganaba la vida con una curiosa ocupación: paje.
Exacto: Abelardo. Paje real. Paje de Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente.
"Y me dijo: oye Juan, espera, que tengo por aquí lo de tus nietos. ¿Se lo puedes llevar tú?" -terminaba el relato mi abuelo, ante el éxtasis de los nietos que correteaban rasgando papel de regalo. Con la media sonrisa de mi madre que siempre decía aquello de "parece mentira, papá". Y con la sonrisa completa del abuelo que ni se molestaba en excusarse. "Hija, era Abelardo... ¿Qué podía hacer?"
Es por esto que no faltaba una cabalgata en la que nos agarráramos a los faldones de la chaqueta del señor Juan, el taxista, y le pidiéramos que identificase a Abelardo entre aquellos resplandecientes uniformes árabes que caminaban junto a sus Mágicas Majestades. Es por esto que, desde que guardo recuerdo, aquellas cartas en las que los niños de mi familia enumerábamos la mayor de las ilusiones iban encerradas en sobres en los que una caligrafía infantil leía:
"SS.MM. los Reyes Magos de Oriente.
A la Att. del Paje Abelardo"
Que tengáis buenas noches. Y que mañana encontréis que Abelardo os ha dejado todo lo que deseéis.
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jueves, 14 de mayo de 2009
El asiento 54B
Holanda. Domingo. Primavera. En una estación junto a la costa un tren amarillo y azul se va llenando de gente que busca descuidadamente un sitio libre. Sobre uno de los asientos un libro con el título en inglés se alza trémulo. Y tras el título, agazapado cual cernícalo primilla, yo. Oteando. Escuchando. Olisqueando la proximidad de los viajeros que miran a un lado y a otro mientras recorren lastimosamente el vagón bajo el peso de sus maletas. Pensando, deseando, murmurando, casi exclamando a gritos que se vayan, que me dejen, que quiero, reclamo, exijo los dos asientos vacíos para mí. Que no quiero compañía. Que me estorban. Que me sobran. Que se pierdan.
A medida que nuevas cabezas se dejan ver sobresaliendo por los huecos que segundos antes hubiera libres, el flujo de desconocidos que pasan de largo a mi lado en pos de otro aposento más espacioso –y con compañía menos hostil- se va espesando, ralentizando, deteniendo. Algunos empiezan a girar la cabeza, lamentando no haber ocupado alguno de los asientos que desecharon segundos antes. Mis esperanzas se desvanecen. Veo venir la tragedia, incontenible como una losa de marmóreo destino que se cierne sobre mí, y me aferro con más fuerza a la edición de bolsillo en cuya cubierta se clavan mis uñas. No. Aquí no. ¡Si al menos me estuviera haciendo el dormido, con las piernas estiradas sobre el asiento contiguo! Quizás aún pueda hacerlo, quizás si me giro despacio, quizás si no estuviera sentado junto a la ventanilla, quizás si no fuera…
…demasiado tarde.
Tras el borde doblado de las páginas amarillentas percibo una figura que se deja caer en la butaca, invadiendo sin pudor el paraíso de feliz aislamiento que me había creado en el espacio de dos asientos de segunda clase. Quedan tres horas de martirio, maldita sea. Tres horas de compartir estrechez y efluvios de humanidad y aire viciado con este ser que ahora se revuelve en el blando eskay junto a mi muslo buscando su comodidad de tan obscena e irreverente manera. Pero no, no va a ser un camino de rosas: esto, despreciado y sin embargo próximo vecino, va a ser un infierno. Para ambos. Así que levanto la mirada inyectada en sangre, dispuesto a fulminar al ser que tuvo la indecente idea de existir para robar lo que siempre fue mío y sólo mío. Levanto la mirada iracunda, metálica, afilada y letal en pos de ser clavada inmisericorde en la sensible inferioridad del molesto insecto que me disturba, y compruebo atónito cómo rebota, frágil y quebrada como cristal bajo las botas, al cruzarse con otra mirada azul, femenina, transparente y luminosa. ¡Por Odín, estoy desarmado! Una sonrisa se dibuja clara en mi enemigo y me golpea de lleno. ¡Por Odín, estoy perdido!
“Is it a nice book?”
La sonrisa vuelve a golpearme y a ahogar cualquier atisbo de reacción por mi parte. Tratando de recuperar la compostura bajo la mirada a las páginas en torpe intento de fingir que leo, sólo para descubrirme sosteniendo el libro del revés. Zuuuumm… tocado. Mi mirada se eleva avergonzada como queriendo huir de este infierno y… oh, dios mío, ahí está otra vez, de nuevo la sonrisa. Fiuuuu… tocado. Me quedo mirándola. Bada-boommm… tocado otra vez. Me guiña un ojo. Chofff: hundido.
“Where are you from, then?”
Me rindo a la derrota, a esa sensación de infinita derrota que deben de tener las gacelas de los documentales cuando la leona se sienta apacible y tranquila a su lado sin aflojar las fauces que contienen el cuello de su presa. Me rindo y suelto el libro que tan poco resultado dio como escudo y rindo también mis estériles y romas garras de guerrero arrodillado. Sin abrir la boca por tenerla ya delatadoramente abierta logro encontrar alguna palabra y, poco a poco, le voy contando que vengo de España, que he pasado el fin de semana con unos amigos, que Zeeland es preciosa. Tiene en torno a cuarenta años. Ella habla de las noches de verano en Granada, del tiempo en Holanda, del Koninginnedag. Las pequeñas arrugas en torno al azul infinito de su mirada aparecen y se desdibujan al ritmo de su sonrisa. Coincidimos en que Holanda es increíble en primavera. Su marido nos saluda con la mano, tres asientos más allá. Discrepamos en que Holanda es fría y gris en invierno. Nos reímos de los tópicos españoles y holandeses. Me gusta su chaqueta roja. A ella también. Nos reímos otra vez.
La mancha verde al otro lado del cristal está mutando su vértigo en nitidez: el tren disminuye su velocidad. Por los altavoces, la voz metálica del revisor desgrana un galimatías entre el que acierto a distinguir “station Amersfoort”. Ella se levanta, me regala su última sonrisa, me desea buen viaje, y yo me quedo mirando aquel azul eterno desvanecerse entre el ajetreo del andén.
Holanda. Domingo. Primavera. En una estación demasiado lejos de la costa un tren azul y amarillo se va poblando de nuevas caras que rebuscan el hueco dejado por las que se acaban de bajar. Sobre uno de los asientos un libro con el título en inglés se yergue, al revés, ante los ojos que miran a través de las páginas, perdidos en sus propios pensamientos. Una figura se deja caer sobre el asiento a mi izquierda y mi mirada busca algún resto de azul en la suya. Pero no: negros, negrísimos son los iris que observan tras los párpados que enmarcan ojos rasgados y orientales. Una sonrisa masculina, inexplicablemente cálida e inquietante permanece estática unos centímetros por debajo. Abre una bolsa y saca un discman (oh maravilla, aún quedan de éstos?). Abre otra bolsa y extrae un CD recién comprado (oh, oh maravilla de nuevo, todavía hay quien paga en las tiendas por un disco?). Mientras observo distraído la interminable pelea de aquellos dedos sin uñas por abrir el celofán que recubre la adquisición puedo leer el título del disco: Boys2men, greatest hits. Oh, señor. Levanto la mirada, confundido, para reencontrarme con la imperturbable sonrisa y negros ojos que que siguen, mucho más inquietantemente aún, clavados en mí. Empiezo a notar una cierta incomodidad cuyo origen no sabría definir. Mis esperanzas se desvanecen. Veo venir la tragedia. Quedan dos horas de martirio.
Maldita sea.
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miércoles, 22 de abril de 2009
miércoles, 15 de abril de 2009
Mi compañero de piso
Que no vivo solo es algo que ya sabía desde hace tiempo. Vamos, más que saberlo, lo sospechaba. Quiero decir que nunca ha habido una presentación oficial. Él es... más bien tímido, y vive su vida casi sin que note su presencia. Alguna vez nos hemos cruzado, sí, en la cocina por lo general, pero él se escabullía casi desapercibido, como si fuera un susurro. Prácticamente, había que intuirlo más que sentirlo.
Éramos compañeros. Compartíamos piso, noches de invierno, quién sabe si añoranzas lejanas...
Pero ha cambiado.
No sé por qué, serán cosas de la convivencia, que nos cambia a todos... No sé. Pero la verdad es esa: últimamente se ha vuelto más ruidoso, no deja de revolverlo todo y se pasa la noche trasteando por cada rincón. Yo trato de ignorarlo, quiero darle siempre otra oportunidad, pensar que ha sido un descuido... pero me llegan hasta la cama sus pasos apresurados y sus prisas. Hasta que, últimamente, me roba comida. Como lo oís. Y eso no. Por ahí no paso.
Me ha faltado al respeto.
Así que esta noche voy a tener que pedirle que se marche.
Para siempre.
Os iré contando...
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domingo, 22 de febrero de 2009
Viva Köln!
Da simmer dabei! Dat is prima! VIVA COLONIA!
Wir lieben das Leben, die Liebe und die Lust
Wir glauben an den lieben Gott und hab´n noch immer Durst!
Continuará...
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martes, 27 de enero de 2009
¡Felicidades, Mac!

Fue toda una revolución en mi casa. Bueno, si no en toda la casa, al menos sí que lo fue para mí. Sangrientas peleas tuve con mi hermano para decidir en qué habitación (si la suya o la mía) se instalaba el dichoso aparatito. Y llegó, al fin, aquella caja cuadrada con una pantalla minúscula, de baja resolución y en blanco y negro. Antes fue el vídeo o el reproductor de CD. Pero esto era lo último: teníamos, por fin, un ordenador en casa.
Mi mac (como todo el mundo conocía al ordenador Macintosh) era mi primer ordenador y llegó cuando casi todo el mundo tenía ordenadores enormes con unos discos de cartón que se doblaban casi con mirarlos, cuando todos mis amigos se copiaban juegos de muchos colores sobre las pelis de Rambo o las olimpiadas de ese verano. En cambio, mi mac apenas tenia juegos, y los que tenía no se podían cambiar con los de los PCs de los amiguetes. "Tienes un mac? Pero si no es compatible!" -me decían todos. Vaya castaña de ordenador que nos habían traído!
Pero se podía escribir. Y pintar! El interés por los escasos y simples juegos me duró bien poco; en cambio con los ya legendarios MacWrite y MacPaint me pasaba horas y horas diseñando carteles, maquetando un periódico que sólo yo leía, completando bases de datos sobre inventarios inútiles u hojas de cálculo para las estadísticas del equipo de baloncesto en el que nunca jugué, y creando plantillas para plannings y horarios que nunca seguiría... Un día mi padre me pidió que hiciera un cartelito con el nombre y el piso para ponerlo en el buzón del portal... Y me pasé toda la tarde haciendo experimentos con tipos de letra, con marcos y con sombras, sacando por la impresora decenas de pruebas que nunca estaban justo como yo quería. Podría haber cogido un simple rotulador y haber terminado en medio minuto, pero aquella caja blanca con su pantalla monocroma me había enganchado para siempre: ya no querría hacer nada si no era con mi ordenador. Los que me conocéis sabéis que el ordenador ha cambiado y yo también estoy un poco más crecidito, pero no tanto lo demás...
El Macintosh, el primer ordenador comercial que Apple puso a la venta, supuso toda una revolución. Incorporaba un interfaz gráfico con dibujitos en lugar de las áridas y hostiles líneas de código de MS-DOS, y todo se manejaba con un aparatito de curioso nombre e increíble sencillez: el ratón. Cosas que hoy nos parece que hayan estado ahí toda la vida, pero que nadie había visto antes y que lograron el milagro de que empezase a haber un ordenador en las casas de la gente a pesar de los 2.500 dólares de entonces que costaba la broma. Rondaban mediados los años ochenta, hoy no se concibe el mundo sin internet. Y lo que tiene que venir...
El Macintosh cumple 25 años este 2009. El mío duerme el sueño de los justos en una caja, en algún lugar del trastero de mis padres. Pero sigue ahí y no querré desprenderme de él: es ya un símbolo del importante cambio que aquella maquinita pronosticaba. Hoy tengo un portátil que, pese a ser viejuno y cacharroso, está a años luz de las prestaciones de aquel Apple... pero,en cierto modo, cada vez que uso el ratón o arrastro un icono a la papelera, sé que no estoy haciendo sino lo mismo que hacía aquel niño ochentero con su Macintosh. ¡Felicidades, Mac!
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domingo, 25 de enero de 2009
Melancolía dominical
Hoy es domingo y lo malo de vivir en Holanda es que echas de menos ciertos placeres dominicales del terruño patrio. A saber: churritos (o porritas, eso siempre ha ido en gustos), periódico bien gordo con suplemento, paseíto, tapitas antes de comer, un café, el partidito que toque (fútbol o basket) en casa de quien además de tele ponga una cervecita, algo de guitarreo, cocinar con alguien con quien te apetezca mucho estar y cenar sin prisas...
No hay nada de eso para el que se adentra en territorio infel, y por eso mi ordenador y yo nos estamos apretando las clavijas, que ya está bien de dejarme tirao sin skype y sin facebook cada dos días!
Feliz domingo a tod@s! Y feliz semana!
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martes, 30 de diciembre de 2008
Fijne kerstdagen en een Gelukkig Nieuw Jaar!
Como si del Rockefeller Center neoyorquino se tratara, también en el Grote Markt de Groningen se celebran las fiestas con arbolazo navideño y pista de patinaje sobre hielo. Una bonita estampa que me serivirá -igual que hice el año pasado desde otra plaza*- para desearos a todos días muy felices para terminar este año y empezar el que ya está a puntito de llegar.
Que os vaya bonito! Nos vemos en 2009!
*Ahora que lo pienso... si alguien me llega a decir hace justo un año desde dónde os iba a estar felicitando la llegada de 2009, creo que no lo habría creído NUNCA!!
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sábado, 27 de diciembre de 2008
Vampirizando
Soy un vampiro. Un parásito, un carroñero. Estoy perdido en una habitación oscura al pie del hielo castellano y no dejo de pelear con los muros de granito oscuro y frío -como la montaña que acecha tras la bruma gélida- por la señal invisible que filtran gota a gota y que trae hasta mi ordenador el rumor de los blogs que leo cuando cierro los ojos. Tengo mi propio blog pero nada me llama más que el hambre en ayunas de los textos ajenos. Es invierno y me escondo del hielo y la nieve tras los gruesos muros y los cristales empañados. Me dejo acunar por la luz azulada de la pantalla de mi portátil. El tiempo se congela afuera mientras leo en mi burbuja. Soy un yonki, invernal y navideño, del blog ajeno.
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martes, 2 de diciembre de 2008
Een maand in Gronin
Aún recuerdo la sopa de tomate y cebolla y la quiche de parmesano y cebolla que comí en el V&D de Grote Markt en mi primer almuerzo aquí (yo solito, con millones de mariposas revoloteando en mi estómago). Mucha cebolla, sí, pero es que no tenía ni idea de qué ponía en la carta!!
Un mes ya en Gronin.
_________
Still remember the tomato and onion soup and the parmigiano and onion quiche I had for my first lunch (all alone, with millions of butterflies still flying inside my stomach) at the V&D at Grote Markt. Lots of onion, agreed, but the naked truth is that I had no clue of what the menu read!
Already a month in Gronin.
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viernes, 21 de noviembre de 2008
Interviewing a deity
My company is aware of the advantages of sharing knowledge, and so it has developed some tools to enable a better communication amongst its workers. One of those tools is the Company Weblog, consisting in a blog (actually a quite simple one, no frills) that runs on the internal servers and is accesible from every worker's computer within the company, including the offices in other countries. Most of the entries are about the world of search advertising, but sometimes it's used for other purposes. For example, every new colleague that's hired has to undergo a little, personal interview, which is posted in the weblog so everybody gets to know him/her. As every new worker, I had to submit my interview last week. I didn't want to be too serious, after all my life's too boring to have someone simply reading about it. Did I go too far with 'spicing' it?
Interview with Jesus [Friday, November 14. 2008]
He has been here for a couple of days. Here is the interview with Jesus.Describe your life so far in a few lines (date of birth, study, where are you from, etc.)
I was born in Valencia –where the madarijnen in Albert Heijn come from- in 1978, so lately I just walk around asking people to be merciful enough to not remind me I’m (already) thirty (omg!) Soon after, my parents moved into a small, beautiful city in western Spain called Caceres, where I grew until I went to study psychology (!) to Salamanca. Since then I’ve been living and working in Madrid and Salamanca.
Where do you live now and what is your home situation? Do you have any pets?
I tell everyone I’m staying at the apartment in the old Stoopigstraat office, but my teammates know I’m actually sleeping under a bridge. It’s cosy, but slightly wet at nights…
Pets? Um, nope. So far. As far as I know. Do bedbugs count?
How did you find out about us? And what made you decide to come work for this company?
When I was in Salamanca I did an interview for another position; the guys there were too smart and hired R. instead (damn, I couldn’t fool them) but the director offered me to join the company as a consultant trainee. I thought it was a wonderful opportunity to learn from the best, plus I can borrow a company's bicycle as much as I want! Needless to say, this point made it an offer I couldn’t refuse! Then I was put in a plane and… here I am!
What is your job description?
I’m a SA trainee, which means that I’m starting to learn everything about it; J. and I. are in charge of my traineeship and B. has been teaching me some basics. Apart from that, my teammates were so kind to remind me it’s among my duties to assist them –I had no idea of this- so now I enjoy the honour of bringing them coffee, preparing their sandwiches, cleaning their screens and keyboards, fixing their bikes, carrying their bags at the supermarket, polishing their shoes, massaging their feet…
What do you think of the company and your new colleagues so far?
It’s just great to be among people who know everything about internet marketing! They’re nice and help me a lot every time I have to face perils like fighting the printer. I could meet lots of other colleagues during lunch as well, and everyone has been very kind to me, which is really nice when you’re coming alone from another country. If only they spoke an ‘understandable’ language! But I’m glad to know that, due to that successful course, by not later than January everybody will be speaking Spanish. Or maybe I should learn some Dutch myself, apart from Goedemorgen and Alsjeblieft – since that’s all my Dutch, my conversations in Nederlaands might be found slightly boring. J., I. and my teammates, along with C., B. and the SA course guys, C., C., I. and the people at HR have been very patient with me as well… Oh and I don’t want to miss the gente in Salamanca! It’s very nice to have the chance to work with you all… Dank je wel!
What are your hobbies?
I love photography, reading, travelling, going to the cinema, cooking, making noise with a guitar –cannot call that ‘play’. Also, computers, basketball, a good dinner with friends… Oh, enough?
What kind of music do you like?
I like all kinds of music, but what I truly love are those old rock songs nobody can help humming when they’re played in the radio.
What is your favorite movie?
Uh… millions! I love Tarantino: Pulp Fiction is a masterpiece. And I’ll just shoot anybody who says the opposite.
What was the last book you read?
Oh, that’s an easy one: the company's employee handbook! Besides that one, ‘The Curious Incident with the Dog in the Night-time’. I worked with autistic children and it’s amazing how this writer gets in their shoes…
What is your favorite meal? Do you cook this yourself?
In Salamanca I love the tapas from Van Dyck street (a must-go, buddies!), but when I get into the kitchen I’m a decent meat pie maker (granny’s special recipe). Sadly, paella and Spanish tortilla are not amongst my specialties, which makes me a real shame of a spaniard. Oh, when in Rome do what the Romans do… and in the Netherlands I love your pannekoeken. Anyone needs companion to go to have some? Don’t say it twice: I’m your man.
If your name were to be given to an IKEA product, what should it be?
The meatballs, beyond any doubt. The free refills at the soda fountains deserve it, too. I can already picture it: “Jesus’ Soda Fountain”. Doesn’t it sound… miraculous?
After having met a few Dutch people, what do you think is typical of us?
I had my Erasmus some years ago in Leiden, which already gave me a vision of the Dutch phenomenon. Let’s just say that I cannot do but admire your ability to drive your bike through a swarm of furious cyclists without crashing. Absolutely remarkable!
Actually, the truth is I love Holland. Those who have already had lunch with me have heard me saying it a million times at least.
Is there anything else we as your colleagues should know about you? Are you grumpy in the morning, for example?
And in the afternoon, and the evening. I’m the grumpiest man on Earth. Apart from that, I’m a very serious guy, though I cannot answer interviews like this in a way I don’t look stupid. Sorry…
What is your life motto?
Well, actually I don’t have a life motto, but if I had it’d be ‘To infinity… and beyond!’ Yeah, I know I should have chosen something from Shakespeare or Aristotle, but Buzz Lightyear said it clear as day: wherever you are, don’t stop yourself from going a step further. My last step brought me to Groningen… Leuk je te ontmoeten!
Posted by I. at 2008-11-14 14:55
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martes, 11 de noviembre de 2008
Alondry day

Dijo el sabio que la supervivencia en los viajes depende de innumerables variables, pero es el Factor G el que determina de modo inexorable cuándo llega el momento de hacer una paradita en la lavandería. Así es, amigos, el Factor G (de gayumbo), también conocido como Índice C (de calzoncillo) o, en voz de ciertos autores de la generación beat, Algoritmo T (de tanga, ceñido y apretao) es el que realmente nos obliga a decir 'hasta aquí hemos llegao' y cambiar nuestro de común aguerrido gesto de impenitentes viajeros a vivaracha mirada de quien se afana en las tareas domésticas. Porque, no nos engañemos: todo, absolutamente todo, es reciclable. No hay camiseta suficientemente sudada, pantalón con demasiados lamparones ni calcetines lo bastante aromáticos como para no ser una opción a considerar cuando no se ve rastro de lavadora ni de la gana de buscarla. De tal modo, el mentado Factor Gayumbo se expresa en la siguiente fórmula:
D=f(Gx2)-1
En donde D es el número de días que se puede aguantar con lo que se lleva en la maleta, y está en función de G, que es el número de gayumbos que se porten, multiplicado por dos dado el fenómeno de todos conocido por el cual los gayumbos tienen dos caras susceptibles de ser utilizadas consecutivamente, y al que se resta una unidad porque en el momento de salir de casa ya se llevan unos gayumbos puestos, con lo que se deduce que ya vienen usados, o sea, una bala menos en el cargador. A menos que se vaya en plan comando, en cuyo caso no se han estudiado las repercusiones pero dan miedito...
Pues eso, que tras venir arrastrando este cuerpazo -que dios en su infinita sapiencia me otorgó- por media Europa y vuelta pabajo, me había llegado la hora. Esta mañana, al punto de salir de la ducha (este año ya tocaba ducharse), la apertura del cajón de la gayumbada me confirmó la fatal noticia. Efectivamente, había llegado el día de la alondra, o Alondry Day en términos anglosajones; que no tiene tanto que ver con la pizpireta ave que surcara los cielos de España sino con la Alondry o 'laundry', que dirían en Ohio -pronúnciese 'Ojayo'.
La bici de la derecha, en la puerta de la tienda, es la mía. Aún no ha sido bautizada... ¿alguna propuesta?
Tres eurazos con cincuen la lavadora. Otros dos lerus la secadora que en vez de secadora debería denominarse 'sacadora' por cumplir la función de sacarte las perras mucho mejor que la de secar. Y cuarenta céntimos un puñaíco de detergente que ni era de jabón de marsella ni frescor primaveral. Ni na. Aunque lo más jachondo es lo de tener que sentarte frente al maquinillo a esperar que acabe, como si no tuvieras nada mejor que hacer que ver el programa de sintéticos color dar una vuelta, y otra, y otra
y otra
y otra
y otra y otra y otra y otra.
En fin, pilarín, que estos son los gajes del oficio. Holanda se ha cobrado otro pequeño botín a costa de mi autoestima y mi férrea y viril virilidad. Eso sí: tengo un montón de calzoncillos limpitos.
Por los dos lados.
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lunes, 10 de noviembre de 2008
H

Pues qué quieres que te diga: dicen por ahí que eres muda... pero a mí me encanta escucharte! Y más hoy, que es tu día. Hoy, cumpleaños se escribe con Hache, aunque sea intercalada: cumpleHaños feliz, cumpleHaños feliz...
Felicidades! Te echo de menos, RM...
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domingo, 9 de noviembre de 2008
Ik ben... GRONINGED!

Aún no acabo de creérmelo, aún parpadeo.
Aún me froto los ojos y cuando los abro... veo canales, bicicletas, suelos de ladrillo, panekoekken, frites met pindasaus, Hema, Albert Heijn, NS Spoorweg, halfwolle melk, duwen, trekken, alstublieft, lekker.
He vuelto a Holanda.
Adiós, Salamanca... o mejor, hasta luego, porque volveré a verte en primavera. Pero durante el frío no me busquéis entre piedras doradas; buscadme aquí, junto a la Martinitoren.
Tot ziens!
__________________________________
Cannot believe it yet, my eyes still blinking.
Yet I rub my eyes and when I open them... I see bikes, brick pavement, panekoekken, frites met pindasaus, Hema, Albert Heijn, NS Spoorweg, halfwolle melk, duwen, trekken, alstublieft, lekker.
I'm back in The Netherlands.
Goodbye, Salamanca... or a 'catch ya later' might do much better as I'll be back into you by springtime. But as cold remains don't try to find me amongst the golden sandstone; find me here, by the Martinitoren.
Tot ziens!
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viernes, 18 de abril de 2008
Mi apuesta por el rock and roll
¿Alguna vez han sido de golpe conscientes de algo? Esta noche mi hermano Jimmy ha entrado por la ventana como Peter Pan y me ha sacado a volar. Y he sabido que nunca me perdonaré no haber sabido apreciar a tiempo la importancia vital que tiene vivir esto en directo:
Algún día nos volveremos a encontrar, hermano. La distancia es nuestro medio, los kilómetros el libro en que leemos, los caminos... la vida misma. Nos volveremos a ver, hermano, donde tú sabes:
nveec.
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lunes, 31 de marzo de 2008
Ciento setenta mil kilómetros
170.000 kilómetros y ni uno más. Bueno, quizás alguno sí, pero por ahí anda la cosa. Ciento setenta millones de metros recorridos dan para mucho. Dan para ir y volver de Cáceres a Leiden cuarenta y tres veces y media. También podría haber dado algo más de medio millón de vueltas a la Plaza Mayor de Salamanca o haber hecho 4028.91 veces la maratón olímpica. Lo cierto es que en mis ciento setenta mil kilometrillos no se contó nunca ninguno de estos periplos, pero sí otros muchos: una huida por los pelos de la nevada más increíble en Picos de Europa, varias escapadas bercianas, incontables subidas y bajadas a exámenes o a jugar pachangas de básket, por no contar atascos, prisas mañaneras y alguna mudanza. En fin, que podría estar aquí toda la noche y la lista apenas quedaría empezada. Hay muchos sitios a los que llegar en coche, y más cuando es tu primer coche, y mis primeras cuatro ruedas me llevaron tan
lejos que muchos de esos viajes no se pueden cifrar en metros, leguas ni pies. En él me refugié en más de una noche de lluvia, tras sus cristales vi desfilar océanos de luces remotas en la oscuridad de la carretera que, como el hilo del ovillo, nace y muere en un abrazo. Huí de la tristeza, adelanté a mis sueños, dejé atrás caricias y penas. Soñé que era libre y que las distancias no eran más que los mares que cortaba como un capitán pirata a tres mil revoluciones por minuto de viento en mis velas blancas. Amé, canté, lloré y, sobre todo, volé lejos, muy lejos.
169.999 kilómetros se acumulaban en las ruedas de mi viejo corsina supersónico cuando empecé a rodar el último tras un camión que me salió al paso, a lo lejos, traicionero y envenenado. Aún no se adivinaban las cúpulas de la catedral vieja en el horizonte hace hoy cosa de cinco meses cuando el último de nuestros viajes juntos terminó abruptamente bajo las toneladas de hierros oxidados e inmisericordes que se interpusieron en el vuelo que me llevaba a reír con Marieta. Mi viejo, feo, grasiento y ruidoso corsina, con nombre de los Sultans tatuado, que contó ciento setenta mil y no pudo llegar al ciento setenta y uno. Me había llevado a muchos sitios pero a este no quiso llevarme; me ha hecho muchos favores pero este, el último, fue el más grande de todos: carrocería torsionada, motor y caja de cambios desplazadas, radiador y otras mil piezas reducidas a hierros retorcidos. Los pretensores del cinturón disparados. Mi corsina al desguace... y yo sin un rasguño.
Era feo, sí. Viejo, también. Heredado de cuarta mano, puñetero en las visitas al taller y quisquilloso a la hora de pasar la ITV. Pero ahora que ya no lo guardo en el garaje sé lo que siente el capitán de un buque hundido cuando le sé oxidándose en algún desguace.
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miércoles, 6 de febrero de 2008
Las fotos en mi pared
¿Cuánto se tarda en sentir un lugar como propio? Imagino que depende de muchas cosas... Yo tengo la necesidad casi fisiológica de 'personalizar' los lugares a los que me encuentro unido. Los hago míos. Y es que me resulta de lo más inquietante la sensación de meterme en la cama rodeado de paredes desnudas, con su amenazante vacío o, peor aún, repletas de pequeños vestigios de vida anterior, imperceptibles a primera vista pero que van surgiendo ante tus ojos poco a poco: aquí el agujerillo dejado por una chincheta, allá la marca amarillenta de la cinta adhesiva, por el otro lado un resto paduzco de procedencia insondable... No puedo evitar subirme el edredón hasta los ojos mientras pienso en qué pendería de la chicheta, qué habría adherido al adhesivo resto, qué demonios será eso marrón pegado al gotelé. Y por eso me defiendo atacando: a la primera ocasión que tengo, me lanzo a cubrir las huellas del prójimo con huellas más propias. Napoleón estaría orgulloso de mí. Soy más bien barroco antes que minimalista, lo que implica que me suele dar por la falta de mesura en lo que se refiere a decorar los lugares que quiero hacer míos. Mi última morada madrileña tuvo un tabique completamente empapelado de antiguas fotos. Todo tipo de gentes, lugares y situaciones me daban las buenas noches y me saludaban luego al despertar, haciendo de mi aventura madridense algo más humano, cercano y -por qué no- caóticamente mío.
Aquella habitación se cerró y yo emprendí de nuevo camino en pos de nuevos anhelos más o menos tangibles, y al cierre aquel siguió un nuevo comienzo, incluyendo nueva habitación, nuevas paredes y nuevos vacíos que desterrar. En un principio estuve tentado de recuperar el horror vacui anterior, trasladando el éxtasis fotográfico a los nuevos tabiques... Pero hete aquí que la naturaleza humana es a veces inescrutable y, de todo aquel montón de fotos que venían en mis maletas sólo unas cuantas decoran ahora mis muros. El porqué de que sean tan pocas aún no lo conozco, el porqué de que sean las que son es algo que quisiera explicarles, si tienen ustedes a bien acompañarme por tan insólito relato.Una de ellas es ésta. Es Navidad del 2003, alrededor del veintitantos de diciembre. Es Schiphol, el aeropuerto de Ámsterdam. Es un cielo cubierto, es la lluvia tras el cristal. Afuera el frío y el viento húmedo, y a este lado del cristal una burbuja de calor y silencio, atemporal, propicia para la nostalgia y los sueños. La silueta es María ante la ventana, con la mirada perdida. Pero es más que todo eso: es el momento. Es el momento en que las maletas están facturadas, en que el avión espera y la lluvia invita a dejar la imaginación volar a sus anchas. Regresamos a casa. Por delante quedan días de descanso en los que ver a los amigos y la familia, en que contaremos mil veces las aventurillas de nuestra vida holandesa. Frente a la montaña rusa de incertidumbres de los meses recién pasados estamos en un momento de certezas: certeza de quién somos, certeza de lo que hacemos, certeza de dónde vamos y por qué queremos regresar.
Hay momentos que quedan adheridos en la retina y la memoria. A veces, una cámara providencial sabe colarse oportunamente y fijarlos en papel. Por eso, un fragmento de mi pared está cubierto por 10 x 15 centímetros de aquel instante en que por nada del mundo me habría cambiado por nadie.
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lunes, 4 de febrero de 2008
Empollando...
Vuelven las noches bajo el flexo. Vuelven el café, las legañas, los ojos rojos. Vuelven los nervios en el estómago. Vuelve la tele de madrugada, el vuelo rasante de la imaginación en las furtivas pausas involuntarias, la cara ajena en el espejo. Vuelven las chuches de la nevera y el zumbido ubicuo de las horas sin nombre, vacías, amorfas, que rayan justo antes de alba.
Mood: Y van...
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