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viernes, 5 de febrero de 2010

Stationspleined again

I bet there's a little bunch of people somewhere around the world who would cast a grin if they were seeing this:


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See ya at the #242, guys! Tot zo!

jueves, 14 de mayo de 2009

El asiento 54B

Holanda. Domingo. Primavera. En una estación junto a la costa un tren amarillo y azul se va llenando de gente que busca descuidadamente un sitio libre. Sobre uno de los asientos un libro con el título en inglés se alza trémulo. Y tras el título, agazapado cual cernícalo primilla, yo. Oteando. Escuchando. Olisqueando la proximidad de los viajeros que miran a un lado y a otro mientras recorren lastimosamente el vagón bajo el peso de sus maletas. Pensando, deseando, murmurando, casi exclamando a gritos que se vayan, que me dejen, que quiero, reclamo, exijo los dos asientos vacíos para mí. Que no quiero compañía. Que me estorban. Que me sobran. Que se pierdan.

A medida que nuevas cabezas se dejan ver sobresaliendo por los huecos que segundos antes hubiera libres, el flujo de desconocidos que pasan de largo a mi lado en pos de otro aposento más espacioso –y con compañía menos hostil- se va espesando, ralentizando, deteniendo. Algunos empiezan a girar la cabeza, lamentando no haber ocupado alguno de los asientos que desecharon segundos antes. Mis esperanzas se desvanecen. Veo venir la tragedia, incontenible como una losa de marmóreo destino que se cierne sobre mí, y me aferro con más fuerza a la edición de bolsillo en cuya cubierta se clavan mis uñas. No. Aquí no. ¡Si al menos me estuviera haciendo el dormido, con las piernas estiradas sobre el asiento contiguo! Quizás aún pueda hacerlo, quizás si me giro despacio, quizás si no estuviera sentado junto a la ventanilla, quizás si no fuera…

…demasiado tarde.

Tras el borde doblado de las páginas amarillentas percibo una figura que se deja caer en la butaca, invadiendo sin pudor el paraíso de feliz aislamiento que me había creado en el espacio de dos asientos de segunda clase. Quedan tres horas de martirio, maldita sea. Tres horas de compartir estrechez y efluvios de humanidad y aire viciado con este ser que ahora se revuelve en el blando eskay junto a mi muslo buscando su comodidad de tan obscena e irreverente manera. Pero no, no va a ser un camino de rosas: esto, despreciado y sin embargo próximo vecino, va a ser un infierno. Para ambos. Así que levanto la mirada inyectada en sangre, dispuesto a fulminar al ser que tuvo la indecente idea de existir para robar lo que siempre fue mío y sólo mío. Levanto la mirada iracunda, metálica, afilada y letal en pos de ser clavada inmisericorde en la sensible inferioridad del molesto insecto que me disturba, y compruebo atónito cómo rebota, frágil y quebrada como cristal bajo las botas, al cruzarse con otra mirada azul, femenina, transparente y luminosa. ¡Por Odín, estoy desarmado! Una sonrisa se dibuja clara en mi enemigo y me golpea de lleno. ¡Por Odín, estoy perdido!

“Is it a nice book?”

La sonrisa vuelve a golpearme y a ahogar cualquier atisbo de reacción por mi parte. Tratando de recuperar la compostura bajo la mirada a las páginas en torpe intento de fingir que leo, sólo para descubrirme sosteniendo el libro del revés. Zuuuumm… tocado. Mi mirada se eleva avergonzada como queriendo huir de este infierno y… oh, dios mío, ahí está otra vez, de nuevo la sonrisa. Fiuuuu… tocado. Me quedo mirándola. Bada-boommm… tocado otra vez. Me guiña un ojo. Chofff: hundido.

“Where are you from, then?”

Me rindo a la derrota, a esa sensación de infinita derrota que deben de tener las gacelas de los documentales cuando la leona se sienta apacible y tranquila a su lado sin aflojar las fauces que contienen el cuello de su presa. Me rindo y suelto el libro que tan poco resultado dio como escudo y rindo también mis estériles y romas garras de guerrero arrodillado. Sin abrir la boca por tenerla ya delatadoramente abierta logro encontrar alguna palabra y, poco a poco, le voy contando que vengo de España, que he pasado el fin de semana con unos amigos, que Zeeland es preciosa. Tiene en torno a cuarenta años. Ella habla de las noches de verano en Granada, del tiempo en Holanda, del Koninginnedag. Las pequeñas arrugas en torno al azul infinito de su mirada aparecen y se desdibujan al ritmo de su sonrisa. Coincidimos en que Holanda es increíble en primavera. Su marido nos saluda con la mano, tres asientos más allá. Discrepamos en que Holanda es fría y gris en invierno. Nos reímos de los tópicos españoles y holandeses. Me gusta su chaqueta roja. A ella también. Nos reímos otra vez.

La mancha verde al otro lado del cristal está mutando su vértigo en nitidez: el tren disminuye su velocidad. Por los altavoces, la voz metálica del revisor desgrana un galimatías entre el que acierto a distinguir “station Amersfoort”. Ella se levanta, me regala su última sonrisa, me desea buen viaje, y yo me quedo mirando aquel azul eterno desvanecerse entre el ajetreo del andén.

Holanda. Domingo. Primavera. En una estación demasiado lejos de la costa un tren azul y amarillo se va poblando de nuevas caras que rebuscan el hueco dejado por las que se acaban de bajar. Sobre uno de los asientos un libro con el título en inglés se yergue, al revés, ante los ojos que miran a través de las páginas, perdidos en sus propios pensamientos. Una figura se deja caer sobre el asiento a mi izquierda y mi mirada busca algún resto de azul en la suya. Pero no: negros, negrísimos son los iris que observan tras los párpados que enmarcan ojos rasgados y orientales. Una sonrisa masculina, inexplicablemente cálida e inquietante permanece estática unos centímetros por debajo. Abre una bolsa y saca un discman (oh maravilla, aún quedan de éstos?). Abre otra bolsa y extrae un CD recién comprado (oh, oh maravilla de nuevo, todavía hay quien paga en las tiendas por un disco?). Mientras observo distraído la interminable pelea de aquellos dedos sin uñas por abrir el celofán que recubre la adquisición puedo leer el título del disco: Boys2men, greatest hits. Oh, señor. Levanto la mirada, confundido, para reencontrarme con la imperturbable sonrisa y negros ojos que que siguen, mucho más inquietantemente aún, clavados en mí. Empiezo a notar una cierta incomodidad cuyo origen no sabría definir. Mis esperanzas se desvanecen. Veo venir la tragedia. Quedan dos horas de martirio.

Maldita sea.

jueves, 30 de abril de 2009

Fijne koninginnedag allemaal!

Pic by Ben @ flickr

Today is Queensday in Holland, so I just hung my Dutch flag on my window and I'm going out to celebrate Queen Juliana's birthday. In my best oranje outfit, of course!

Tot zo!

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UPDATE: A car has driven into the crowd that was waiting for the Dutch Royal Family parade in Apeldoorn, killing at last four people and leaving many injuries. The country is shocked and it's being heard that most of the Koninginnedag events are going to be cancelled. Indeed, a very sad way to spoil what was meant to be a happy day for everyone...

viernes, 24 de abril de 2009

Driving by the Noordzee

February. Winter. Rain.

De Noordzee.

Holland.





















miércoles, 22 de abril de 2009

Nederlandse muis 1 - Spaanse jongen 0

Fin de la primera batalla.



Comienza la segunda...

miércoles, 15 de abril de 2009

Mi compañero de piso

Que no vivo solo es algo que ya sabía desde hace tiempo. Vamos, más que saberlo, lo sospechaba. Quiero decir que nunca ha habido una presentación oficial. Él es... más bien tímido, y vive su vida casi sin que note su presencia. Alguna vez nos hemos cruzado, sí, en la cocina por lo general, pero él se escabullía casi desapercibido, como si fuera un susurro. Prácticamente, había que intuirlo más que sentirlo.

Éramos compañeros. Compartíamos piso, noches de invierno, quién sabe si añoranzas lejanas...

Pero ha cambiado.

No sé por qué, serán cosas de la convivencia, que nos cambia a todos... No sé. Pero la verdad es esa: últimamente se ha vuelto más ruidoso, no deja de revolverlo todo y se pasa la noche trasteando por cada rincón. Yo trato de ignorarlo, quiero darle siempre otra oportunidad, pensar que ha sido un descuido... pero me llegan hasta la cama sus pasos apresurados y sus prisas. Hasta que, últimamente, me roba comida. Como lo oís. Y eso no. Por ahí no paso.

Me ha faltado al respeto.

Así que esta noche voy a tener que pedirle que se marche.

Para siempre.

Os iré contando...




viernes, 20 de febrero de 2009

This is... Holland!


Some day in early November, 2008. I had just arrived in Groningen and was taking one of those first strolls you go for when you're a complete newcomer. One of those walks in which you're never completely sure if you wanted to get lost in the new city or it was just that you could'n find your way back. Whatever the case, my steps took me to the magnificent University of Groningen building. But the picture was not in the 'Academia Gebouw' but in front of it, instead. A guy, his car, countless balloons... and a problem!

I knew it had been a good idea to put my small Sony P8 in my coat's pocket!

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Mi primer día en Gronin, a principios de noviembre del año pasado, y la imagen que me hizo ser consciente de dónde estaba: un tío, su coche y muchos globos por meter! Esto -no podía ser de otro modo- es Holanda.

jueves, 12 de febrero de 2009

On the road

"¿Cuántas gotas hay en el parabrisas?"
"Infinitas"
"Mira, ahora hay una nueva"
"Es verdad: infinitas más una"




A Amsterdam-Schiphol un domingo por la tarde. Aviones, despedidas, kilómetros. Holanda y la lluvia tras los cristales.

No quiero llegar aún...


Mood: dejándome mecer

domingo, 25 de enero de 2009

Melancolía dominical


Hoy es domingo y lo malo de vivir en Holanda es que echas de menos ciertos placeres dominicales del terruño patrio. A saber: churritos (o porritas, eso siempre ha ido en gustos), periódico bien gordo con suplemento, paseíto, tapitas antes de comer, un café, el partidito que toque (fútbol o basket) en casa de quien además de tele ponga una cervecita, algo de guitarreo, cocinar con alguien con quien te apetezca mucho estar y cenar sin prisas...

No hay nada de eso para el que se adentra en territorio infel, y por eso mi ordenador y yo nos estamos apretando las clavijas, que ya está bien de dejarme tirao sin skype y sin facebook cada dos días!

Feliz domingo a tod@s! Y feliz semana!

martes, 30 de diciembre de 2008

Fijne kerstdagen en een Gelukkig Nieuw Jaar!


Como si del Rockefeller Center neoyorquino se tratara, también en el Grote Markt de Groningen se celebran las fiestas con arbolazo navideño y pista de patinaje sobre hielo. Una bonita estampa que me serivirá -igual que hice el año pasado desde otra plaza*- para desearos a todos días muy felices para terminar este año y empezar el que ya está a puntito de llegar.

Que os vaya bonito! Nos vemos en 2009!


*Ahora que lo pienso... si alguien me llega a decir hace justo un año desde dónde os iba a estar felicitando la llegada de 2009, creo que no lo habría creído NUNCA!!

martes, 2 de diciembre de 2008

Een maand in Gronin

Aún recuerdo la sopa de tomate y cebolla y la quiche de parmesano y cebolla que comí en el V&D de Grote Markt en mi primer almuerzo aquí (yo solito, con millones de mariposas revoloteando en mi estómago). Mucha cebolla, sí, pero es que no tenía ni idea de qué ponía en la carta!!

Un mes ya en Gronin.

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Still remember the tomato and onion soup and the parmigiano and onion quiche I had for my first lunch (all alone, with millions of butterflies still flying inside my stomach) at the V&D at Grote Markt. Lots of onion, agreed, but the naked truth is that I had no clue of what the menu read!

Already a month in Gronin.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Ahí te dejo, Salamanca


Aún así te odio y quiero
amo el azul de tu cielo
aunque a veces no demuestre su color

Revólver · Dentro de tí






No pocas canciones se han hecho a las ciudades en las que uno vive, en las que a uno le pasan las cosas como si del escenario de la película de cada cual se tratara. Yo hace tiempo que le debo una a Salamanca. Y no sé si sería de amor, de añoranza, de desamor. De olvido, jamás. Hace ya tiempo que llegué (o fue ella quien me llegó?) y, aunque me he ido, hemos acabado reencontrándonos. Algo tienes, que no consigo dejarte... por más que lo he intentado.

Aún así te quiero. Casi tanto como te odio.

La foto es de la clausura de las fiestas del pasado verano, desde mi terraza. Llueve al otro lado de mi ventana en Groningen y, por alguna razón, me descubro pensando en mi terraza con vistas a una catedral dorada.

Mood: me faltan unas tapitas por Van Dyck...

Feliz finde a tod@s... estéis donde estéis =)

viernes, 21 de noviembre de 2008

Interviewing a deity

My company is aware of the advantages of sharing knowledge, and so it has developed some tools to enable a better communication amongst its workers. One of those tools is the Company Weblog, consisting in a blog (actually a quite simple one, no frills) that runs on the internal servers and is accesible from every worker's computer within the company, including the offices in other countries. Most of the entries are about the world of search advertising, but sometimes it's used for other purposes. For example, every new colleague that's hired has to undergo a little, personal interview, which is posted in the weblog so everybody gets to know him/her. As every new worker, I had to submit my interview last week. I didn't want to be too serious, after all my life's too boring to have someone simply reading about it. Did I go too far with 'spicing' it?


It needs to be underlined that, when my colleagues read the title of the entry -that is, 'Interview with Jesus'- they all thought it was the other Jesus who had been interviewed. Sorry to dissapoint them, I'm no mesiah... yet.

domingo, 16 de noviembre de 2008

La casa de las sorpresas

La casa donde vivo es un apartamento propiedad de la empresa situado en una típica casa dutchie, con grandes ventanales que se abren a la calle como si de escaparates se tratara. No sé si es muy antigua pero al menos lo parece, como parece serlo todo por el peculiar estilo arquitectónico de estos infieles. Prometo contaros algún día más cositas de mi casa, y hasta poneros alguna foto para que os hagáis una idea, pero hoy no. Hoy sólo quiero contaros que la casa está llena de sorpresas... Cada dos metros hay una puerta, y nunca sabes qué habrá detrás. A veces es una habitación, claro. Pero otras veces es una escalera bloqueada, que no sabes a dónde llevaría si la pudieras seguir. En muchas otras ocasiones son armarios, pequeños huecos que aprovechan el espacio que dejan las escaleras o los rincones para guardar un calentador, el cuadro de la luz...

Pues eso, que hace unos días reparé en una de estas puertas. No le había prestado mayor atención hasta ese momento, y me di cuenta de que nunca la había abierto. Así pues, y no sin un cierto reparo, la abrí. Y héte aquí que mi casa me acababa de hacer un fantástico regalo: ahora me siento un poco menos lejos.


He sobrevivido a mi primera semana en el curro. Es domingo y hasta el sol quiere brillar tímidamente sobre los tejados de Groningen. Me voy a dar un paseíto, quizás hasta acabe tomando un warmechocolade. Met slagroom, por supuesto!

martes, 11 de noviembre de 2008

Alondry day




Dijo el sabio que la supervivencia en los viajes depende de innumerables variables, pero es el Factor G el que determina de modo inexorable cuándo llega el momento de hacer una paradita en la lavandería. Así es, amigos, el Factor G (de gayumbo), también conocido como Índice C (de calzoncillo) o, en voz de ciertos autores de la generación beat, Algoritmo T (de tanga, ceñido y apretao) es el que realmente nos obliga a decir 'hasta aquí hemos llegao' y cambiar nuestro de común aguerrido gesto de impenitentes viajeros a vivaracha mirada de quien se afana en las tareas domésticas. Porque, no nos engañemos: todo, absolutamente todo, es reciclable. No hay camiseta suficientemente sudada, pantalón con demasiados lamparones ni calcetines lo bastante aromáticos como para no ser una opción a considerar cuando no se ve rastro de lavadora ni de la gana de buscarla. De tal modo, el mentado Factor Gayumbo se expresa en la siguiente fórmula:

D=f(Gx2)-1

En donde D es el número de días que se puede aguantar con lo que se lleva en la maleta, y está en función de G, que es el número de gayumbos que se porten, multiplicado por dos dado el fenómeno de todos conocido por el cual los gayumbos tienen dos caras susceptibles de ser utilizadas consecutivamente, y al que se resta una unidad porque en el momento de salir de casa ya se llevan unos gayumbos puestos, con lo que se deduce que ya vienen usados, o sea, una bala menos en el cargador. A menos que se vaya en plan comando, en cuyo caso no se han estudiado las repercusiones pero dan miedito...



Pues eso, que tras venir arrastrando este cuerpazo -que dios en su infinita sapiencia me otorgó- por media Europa y vuelta pabajo, me había llegado la hora. Esta mañana, al punto de salir de la ducha (este año ya tocaba ducharse), la apertura del cajón de la gayumbada me confirmó la fatal noticia. Efectivamente, había llegado el día de la alondra, o Alondry Day en términos anglosajones; que no tiene tanto que ver con la pizpireta ave que surcara los cielos de España sino con la Alondry o 'laundry', que dirían en Ohio -pronúnciese 'Ojayo'.




La bici de la derecha, en la puerta de la tienda, es la mía. Aún no ha sido bautizada... ¿alguna propuesta?


Tres eurazos con cincuen la lavadora. Otros dos lerus la secadora que en vez de secadora debería denominarse 'sacadora' por cumplir la función de sacarte las perras mucho mejor que la de secar. Y cuarenta céntimos un puñaíco de detergente que ni era de jabón de marsella ni frescor primaveral. Ni na. Aunque lo más jachondo es lo de tener que sentarte frente al maquinillo a esperar que acabe, como si no tuvieras nada mejor que hacer que ver el programa de sintéticos color dar una vuelta, y otra, y otra

y otra

y otra

y otra y otra y otra y otra.

En fin, pilarín, que estos son los gajes del oficio. Holanda se ha cobrado otro pequeño botín a costa de mi autoestima y mi férrea y viril virilidad. Eso sí: tengo un montón de calzoncillos limpitos.

Por los dos lados.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Ik ben... GRONINGED!


Aún no acabo de creérmelo, aún parpadeo.

Aún me froto los ojos y cuando los abro... veo canales, bicicletas, suelos de ladrillo, panekoekken, frites met pindasaus, Hema, Albert Heijn, NS Spoorweg, halfwolle melk, duwen, trekken, alstublieft, lekker.

He vuelto a Holanda.

Adiós, Salamanca... o mejor, hasta luego, porque volveré a verte en primavera. Pero durante el frío no me busquéis entre piedras doradas; buscadme aquí, junto a la Martinitoren.

Tot ziens!

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Cannot believe it yet, my eyes still blinking.

Yet I rub my eyes and when I open them... I see bikes, brick pavement, panekoekken, frites met pindasaus, Hema, Albert Heijn, NS Spoorweg, halfwolle melk, duwen, trekken, alstublieft, lekker.

I'm back in The Netherlands.

Goodbye, Salamanca... or a 'catch ya later' might do much better as I'll be back into you by springtime. But as cold remains don't try to find me amongst the golden sandstone; find me here, by the Martinitoren.

Tot ziens!

jueves, 7 de febrero de 2008

I keep an eye on you, Mr. Einstein!

For most of the people, Einstein has to do with the crazy genius with messy, white hair and protruding tongue. Some others think in the Theory of Relativity, physics and even the nuke bomb. But for those who ever lived in Leiden there's something more -dunno why, but Leiden leaves a mark on everything related to it that makes it all utterly special. For us, innocent erasmus newcomers, the first hint of relationship between Leiden and Einstein was to know -via Google, the welcoming speeches or that wonderful Holy Bible for the newcomer called 'Finding your way around Leiden'- that Mr. Albert taught for some years in the accredited Dutch university founded by the Rapenburg canal. Then, during your first days in your new life the word Einstein earns a whole, new meaning by becoming the hottest spot in town when you learn that it's also the name of a bar, specifically the bar where every new erasmus student hangs out for the wednesday nights ESN borrel. Un-miss-able! As time goes by and a monotonous, steady, everyday life is built around those once excited newcomers, this bar losses a part of its importance as other bars are discovered and gain their own place in the weekly schedule... but always remains as a cornerstone to show visitors any other day.

Sooner or later the winter finishes and the spring brings sweet, sunny days to cycle to Warmond or Katwijk... And then, the arrival of summer evenings marks the last moments during which the few survivors remaining from the latest erasmus generation miss the noise and faces of those already gone, while counting down the final, few days remaining for themselves. Time to fly back home, the end of the dream. The end for the Einstein and those countless wednesday drinks as well.

More than two years were gone when I discovered it. By chance, as this things are usually found. The Einstein bar has a webpage, and wishing to find a photo gallery in which those old gone, once well known faces could be fished among the crowd as a nostalgic pastime a wonderful feature apperared. Because I might not be able to see your face in old photographs, but I will see you if you sit at the terrace this afternoon, to listen to the bells at the Town Hall. As we used to do =)

The Einstein Cafe, by the Nieuwe Rijn canal in Leiden, has an amazing live webcam that can be remotely controlled to point it towards different directions. Dont forget to switch the audio feature on so you can hear the Stadhuis carillon nearby every hour!


PS. This post, my first one in English, is dedicated to my Dutch mom, who did the same countless times before so I could read her beautiful blog. Dit is waar we elkaar voor het eerst ontmoet hebben!!

miércoles, 6 de febrero de 2008

Las fotos en mi pared

¿Cuánto se tarda en sentir un lugar como propio? Imagino que depende de muchas cosas... Yo tengo la necesidad casi fisiológica de 'personalizar' los lugares a los que me encuentro unido. Los hago míos. Y es que me resulta de lo más inquietante la sensación de meterme en la cama rodeado de paredes desnudas, con su amenazante vacío o, peor aún, repletas de pequeños vestigios de vida anterior, imperceptibles a primera vista pero que van surgiendo ante tus ojos poco a poco: aquí el agujerillo dejado por una chincheta, allá la marca amarillenta de la cinta adhesiva, por el otro lado un resto paduzco de procedencia insondable... No puedo evitar subirme el edredón hasta los ojos mientras pienso en qué pendería de la chicheta, qué habría adherido al adhesivo resto, qué demonios será eso marrón pegado al gotelé. Y por eso me defiendo atacando: a la primera ocasión que tengo, me lanzo a cubrir las huellas del prójimo con huellas más propias. Napoleón estaría orgulloso de mí. Soy más bien barroco antes que minimalista, lo que implica que me suele dar por la falta de mesura en lo que se refiere a decorar los lugares que quiero hacer míos. Mi última morada madrileña tuvo un tabique completamente empapelado de antiguas fotos. Todo tipo de gentes, lugares y situaciones me daban las buenas noches y me saludaban luego al despertar, haciendo de mi aventura madridense algo más humano, cercano y -por qué no- caóticamente mío.

Aquella habitación se cerró y yo emprendí de nuevo camino en pos de nuevos anhelos más o menos tangibles, y al cierre aquel siguió un nuevo comienzo, incluyendo nueva habitación, nuevas paredes y nuevos vacíos que desterrar. En un principio estuve tentado de recuperar el horror vacui anterior, trasladando el éxtasis fotográfico a los nuevos tabiques... Pero hete aquí que la naturaleza humana es a veces inescrutable y, de todo aquel montón de fotos que venían en mis maletas sólo unas cuantas decoran ahora mis muros. El porqué de que sean tan pocas aún no lo conozco, el porqué de que sean las que son es algo que quisiera explicarles, si tienen ustedes a bien acompañarme por tan insólito relato.

Una de ellas es ésta. Es Navidad del 2003, alrededor del veintitantos de diciembre. Es Schiphol, el aeropuerto de Ámsterdam. Es un cielo cubierto, es la lluvia tras el cristal. Afuera el frío y el viento húmedo, y a este lado del cristal una burbuja de calor y silencio, atemporal, propicia para la nostalgia y los sueños. La silueta es María ante la ventana, con la mirada perdida. Pero es más que todo eso: es el momento. Es el momento en que las maletas están facturadas, en que el avión espera y la lluvia invita a dejar la imaginación volar a sus anchas. Regresamos a casa. Por delante quedan días de descanso en los que ver a los amigos y la familia, en que contaremos mil veces las aventurillas de nuestra vida holandesa. Frente a la montaña rusa de incertidumbres de los meses recién pasados estamos en un momento de certezas: certeza de quién somos, certeza de lo que hacemos, certeza de dónde vamos y por qué queremos regresar.

Hay momentos que quedan adheridos en la retina y la memoria. A veces, una cámara providencial sabe colarse oportunamente y fijarlos en papel. Por eso, un fragmento de mi pared está cubierto por 10 x 15 centímetros de aquel instante en que por nada del mundo me habría cambiado por nadie.

sábado, 8 de septiembre de 2007

Cuatro años


Hoy hace cuatro años de que el antes pasó a llamarse después. Cuatro años de abrir los ojos de par en par de puro asombro y aún no cerrarlos. Cuatro añitos, en definitiva, de esta foto.

Mood: nostalgiqueando...