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viernes, 6 de noviembre de 2009

Baila como si nadie te viera

Seguro que vosotros también la habéis visto alguna vez.

En un concierto, en cualquier concierto.

Esa chica de azul, que baila como una posesa.

Disfrutando, gozando de la canción, danzando como si nadie la mirara.

Pero la miran.

La miran cientos de miradas extrañadas, divertidas, casi avergonzadas que se preguntan qué se habrá tomado.

Y todo sigue así: la chica de azul bailando como loca, y la gente a su alrededor mirándola como una loca.

Hasta que la chica nota el peso de las punzantes miradas y, por fin, abre los ojos, deja de bailar y se amolda a la masa.

Lo habéis visto, verdad? Pasa siempre, en todos los conciertos.

Aunque...

...qué pasaría si, por una vez, fuera la masa la que se amoldara a la chica de azul?






Feliz finde a tod@s!!


PS: PS, the song is for you, obviously!

miércoles, 14 de octubre de 2009

My guitar's gone PUNK!

It could not be called a guitar given it had not been a 6-string since the morning I found the first one, the thinnest of the strings, divided in two someday back in July. It had decided to give up. No more crying sad songs, no more screaming shivering bendings for it. It was the end for the long and thin piece of steel that hung loosely, making my guitar incomplete. So, coming around the guitars shop and getting a new string had become a must; a must for which I had found no time till today.



Once in the shop I realized that over the years I had just replaced the strings that got broken, so most of the strings were dark and tired, too old to bring the clear pitch I love hearing. I pulled out my walllet and bought a complete 6-string fresh set.

Later at home, I had some fun removing the old strings and replacing them for the new ones. As the tuning screws were loosened those old strings released their last cry, as a note that faded while the frequency went lower and lower. Until they became a dead thread, a piece of metal from which no sound could be heard ever again. Distant memories came briefly to my mind, memories of friends, of long gone years, of songs played and sung in distant places and distant times. Songs sung by those old and exhausted strings that had just silenced their voice one by one.



But the screws were spinning again and this time counter-clockwise, and a new voice was becoming more and more audible. A new note, clear as daylight, a new cry of rage and life, a new scream demanding the here and now. A new song that was just letting itself be heard for the very first time. Not only one, but two, three... up to six times, six new voices rising up. Now my guitar has six new, shiny, electric strings. My guitar is back. My guitar is young and sparklingly alive.

Yeah, my guitar has gone punk!

viernes, 11 de septiembre de 2009

No tan largo... y cálido verano

Ahora que se han acabado las vacaciones y que septiembre nos tiene cogidos por do más duele, va este pedazo de vídeo y esta pedazo de canción para echar un último suspirito por los dulces días del largo y cálido verano.

Bienvenidos a la jungla, hermanos!

_____________

Now the holidays are over and September's painfully here, at least we have this awesome video & song to cast a last sigh for those sweet and gone summer days.

Welcome to the jungle, brothas & sistas!

jueves, 29 de enero de 2009

Había una más guapa que ella...



... pero era IMPOSIBLE!!!


Mirad qué cosita me ha llegado por correo hoy...




¡Gracias RM!

viernes, 25 de abril de 2008

ONCE upon a time in the movies

Tonite I went to the cinema: there's a two-weeks programme of movies in original version sponsored by the Escuela Oficial de Idiomas -Official Languages School- and the Van Dyck theaters, which are the place to go to watch indie films in Salamanca. I bought a 5-movie ticket at the beginning of the programme and I had to choose which ones to watch and not. I don't really know why I chose the one playing tonight, maybe 'cos it's in English and I was beginning to get tired of feeling stupid while trying to catch isolated words in German or French. Anyways, I know I made the perfect choice.

'Once' is a delicious, simple story that contains all the beauty that can only be found in small, everyday stories. Featuring non professional actors, it's tale about loneliness, love, understanding, hope and how life can be so bright and crispy during a simple, intense moment is deeply touching. Everything beautifully surrounded by the songs the characters write and play at all times. Actually, the songs are an essential part of the movie: normally, music accompanies the dialogues in other movies; in 'Once' the action is stopped every now and then to let us listen to the characters singing the songs in their full lenght; songs that really tell the story.

As it usually happens with good movies, there's something in it that makes it special, something that's easy to feel but at the same time extremely difficult to explain. So, I won't try anymore; I'll just tell you that I've been completely unable to help spending the rest of the evening with my guitar. Wanna know why? Enjoy:




BTW, I'm not the only one who loves this song. Does it sound familiar to you? Well, it might be possible...

viernes, 18 de abril de 2008

Mi apuesta por el rock and roll

¿Alguna vez han sido de golpe conscientes de algo? Esta noche mi hermano Jimmy ha entrado por la ventana como Peter Pan y me ha sacado a volar. Y he sabido que nunca me perdonaré no haber sabido apreciar a tiempo la importancia vital que tiene vivir esto en directo:




Algún día nos volveremos a encontrar, hermano. La distancia es nuestro medio, los kilómetros el libro en que leemos, los caminos... la vida misma. Nos volveremos a ver, hermano, donde tú sabes:

nveec.

lunes, 3 de marzo de 2008

¿Que por qué está triste la princesa?

Intentaré no ponerme tristón ni pesao si os cuento que todo empezó hace ya una perchá de años, una tarde en la casa paterno-materno-cacereño-vecinal de Miguel, donde coincidimos tres flipadetes y tres guitarras; a saber: el propio Onti, el gran Lemo y el que suscribe. Y ahí andábamos, perdiendo el tiempo entre punteos más o menos improvisados e intentos de sonar medianamente en conjunto. Mentiría si no reconociera que yo, fundamentalmente, me limitaba a observar: si Miguel ha sido desde siempre mi medio-hermano, bien cierto es que en cuestiones guitarrísticas era él mi medio-hermano mayor y yo el pequeñajo e inexperto que le sigue a rebufo. Suyas fueron las primeras seis cuerdas que cayeron en mis manos: caja española de madera agrietada por la calefacción del edificio en el que ambos hemos crecido, con pegatinas en los trastes para no tener que contarlos una y otra vez. Aquella con la que una vez sentí ese bicho que te entra en las venas para ya no salir la tarde en que consigues poner juntos tres dedos de la mano izquierda en forma de Re-m y medio reconoces la sombra de una canción que, pese a difusa, te vibra mucho más dentro que todas las otras veces que simplemente la has escuchado en otra guitarra y otros dedos. Aquella guitarra suya, generosamente prestada y no devuelta hasta mucho tiempo después, cuando fue a parar a otro principiante que, casualmente, también se encontraba allí la tarde que os cuento. Y es que hubo también un tiempo en que Lemus no sabía lo que era una cejilla, y hasta presumí alguna vez delante de él machacando algún punteo torpe –nunca fue más cierto aquello de ‘dime de qué presumes…’. Pero eso había sido mucho antes, y el más principiante de los tres hacía tiempo que me había adelantado con creces –digamos mejor que me había dejado tirado en la cuneta y en calzoncillos. De eso me había dado cuenta un día que oí al maese Onti diciendo no se qué de un cabrón que había pasado de pedirle una guitarra a lucir acordes para los que los mortales tendríamos que dislocarnos de tres a cinco dedos. Y ese cabrón no era otro que Lemus, quien había saltado del nido de los aprendices, de las tablaturas y los fascículos, para volar con bluses de 12 compases. Así que allí estábamos los tres, el maestro y el alumno aventajado improvisando unos solos mientras un servidor trataba de no molestar y de aprender algo también. Fue entonces cuando, recogiendo ya las guitarras, el señor Lemo encadenó un puñado de acordes por quintas y tarareó aquello de ‘… y qué le voy a hacer si no te gusta el blues, si es viernes por la noche y tú no vienes… y no tengo canal plus…’

‘Hey, eso mola!’ –dije yo. Y lo repetí después, otra tarde cualquiera cuando estando en el sueño de mi erasmus holandés alguien me pasó por mail el mp3 aquel que comenzaba tan meteorológicamente con aquello de que las bajas presiones te están matando. ‘Tengo unos amiguetes… tocamos en el colegio mayor…’ -me había explicado Slowhand Lemus, despertando en mí una curiosidad de lo más pertinaz. Desde entonces repetí muchas más veces mi creciente fervor por semejante comunión entre lo mississipesco y el Manzanares más castizo, y me encargué de que todo dios oyera el temita, todo orgulloso yo de conocer un bluesman de los de verdad, aunque él insistiera en que el swing se limitaba a los muros de la residencia madrileña.

Al poco tiempo abrí los ojos para ver que ya no recorría canales holandeses, y quisieron las circunstancias verme convertido en titular de un abono transportes y participante, como buen recién llegado a la capi, de aburridas e intrascendentes discusiones sobre qué atasco era más divertido coger a primera hora de la mañana. Y volví a verme rodeado por el misterio del invierno castellano, frío y seco, cuando llamé al Gato con el ánimo de que me sacara de casa y me enseñara naves ardiendo más allá de Orión y aquellas otras cosas que los de provincias habíamos oído sólo se pueden ver en la gran ciudad. Había llovido mucho desde el principio de esta historia, y aquella noche llovía aún lo de octubre pese a estar ya en febrero. Fue así como aparecí en el Johnny, a los pies del escenario sobre el cual aprendí cosas de los grandes Mesías que en mundo han sido: Muddy Waters, Steve Winwood, James Brown, Steve Wonder… Aprendí cómo es la morcilla de Burgos, aprendí cómo baila Paula Abdul en los campamentos de verano, aprendí lo recto y profundo que puede llegar a ser un surco remolachero, aprendí que te echo tanto de menos y que no hay como alzar el puño y gritar gustoso que soy negro y, por supuesto, estoy orgulloso.

No sé cuántas veces habré oído a Lemo darme las gracias por aparecer entre la muchedumbre que se agita al pie del escenario. Gracias? Eso se lo dirás a todas! Mira primo, no sé cómo se verá el mundo desde allá arriba en el escenario, pero aquí abajo se está que no veas. No preguntes cómo, pero el Johnny, Mynt, LaMala, Bourbon Café, Galileo, Bar&Co, Clamores… se convirtieron en lugares de culto y fechas señaladas en rojo en el calendario, acontecimientos imposibles de obviar, y ello fue tanto por los que estabais arriba como por los que nos reuníamos abajo. Allá donde sonaba una armónica dentro de una lata de aceitunas era un lugar donde aparecías y te encontrabas, sin haber llamado a nadie, con esa troupe alucinante de locos que bailaban y cantaban a vuestros pies hasta que se apagaban las luces y más allá. Aunque no nos veamos nunca, nos conocemos todos. Y es que ya fuera viviendo en Madrid o bajando los 250 kms de A-6 que nos separaban desde que volví a cruzar el Tormes, fuisteis siempre la excusa perfecta, la mentira más sincera para encontrarme de nuevo con gente a la que echar de menos cualquier martes por la noche. Mi familia remolachera.

La Coope, acojonanting banda de blues, rythm and blues, funk, soul y rock and roll, dio su último concierto el pasado viernes en el escenario que les vio nacer a ellos y sudar a nosotros. Pasa el tiempo, nos hacemos mayores, aguardan Pamplona y mil y una sorpresas, según cada cual. Y qué le voy a hacer si hago siempre trampa al mus…


¿Que por qué está triste la princesa?

Porque no conoce a la única… la inigualable… la sexy, sensual, sexual, embarazante y anticonceptiva… la cacereña y madrileña, la burgalesa y taiwanesa… la que te lame las botas… la que miente cuando besa…

¿Qué por qué está triste la princesa?

Porque no conoce a

La Cooperativa Remolachera.